domingo, 28 de octubre de 2018

Objeto de deseo



















En este país siempre se han vendido bien los libros pero no es que eso haya corrido parejo a la lectura por parte de los compradores. Hay gente que compra libros por lotes o, incluso, por gamas cromáticas. Hay gente que compra libros (por empatía emocional, intelectual) que nunca lee, que nunca va a leer.
Tener una estantería llena de libros (evítense catálogos o revistas: execrable) viste mucho socialmente aunque el que pueda fiscalizar tu orgullo literario no lea ni un prospecto. Luego están los extras de vacua vanidad que se arroga el poseedor (de posesión) de una buena colección de libros. Una forma de ostentación clasista como otra cualquiera.
En este sentido, un PDF o un MP3 te condenan directamente al ostracismo onanista. Nadie te va a ad-mirar, pues de eso se trata, de ser ad-mirable, un poquito por encima de los demás, si viene al caso.

Dónde dejamos lo verdaderamente importante: el contenido, no el continente ¿Quién se empapa realmente de la mismidad de la cosa? ¿Realmente el formato digital nos desposee de ese objetivo? Si en este país realmente se leyera, no ocurrirían las cosas que ocurren con pasmosa cotidianidad.

Otra cuestión (nada baladí) pendiente de asumir es que, cuando hablamos de libros, no necesariamente hablamos de buenos libros sino, quizás, de libros que se venden mucho por las causas más peregrinas. Las más habituales, estrategias post-capitalistas cuidadosamente diseñadas.
Y hablando de post-capitalismo, a ver quién y cómo conjuga la patología fetichista del objeto-libro, o el objeto disco, o el objeto DVD con las limitadas posibilidades de los metros cuadrados que se nos ofrecen hoy en día, ya sea en formato alquiler (con el horizonte no muy lejano de la mudanza), ya sea en formato compra (con el horizonte no muy lejano y obvio de que el espacio no puede expandirse más allá de sus propios límites). Los salarios no pueden responder a eso, no. Nadie, de hecho, puede responder a eso.
Cuando viajamos a Berlín pillamos un avión. No vamos, por pureza actitudinal, en carreta pero claro, la tecnología y la autenticidad se llevan fatal desde que Gutenberg inventó la imprenta.

No menos insoslayable ¿Qué me dicen del pequeño problemita que tenemos medioambiental? ¿Merece la pena lucir nuestro orgullo pequeño burgués de salón mientras dejamos calva media Amazonia? Igual podemos leer jugosos ensayos eco-friendly lujosamente encuadernados.

La digitalización del mundo, a mi “molesto” entender, es inevitable e incuestionable (y no todo el oro me deslumbra, no). O bien abrimos los ojos al nuevo mundo cuanto antes o bien nos narcotizamos con un regreso al pasado hipstérico (en su dinámica adictiva, en su objetualismo) que guarda bastante relación con el zeitgeist neo-liberal de las últimas décadas. Otra metamorfosis más de planificaciones capitalistas destinadas a vendernos varias veces lo mismo pero con coartada romanticista.

Aun así, si a la muchachada le gusta la mandanga (aun a sabiendas de que el gusto se perfila detalladamente en los consejos de administración de las empresas de marketing) pues dejémosles que camelen. Peores son la heroína o los crossovers ¡Lean malditos, lean!

sábado, 27 de octubre de 2018

Mara















Antonio D. Resurrección. "Transatlántica 9669". 2005/07

En el proceloso año 2007 realicé sendas exposiciones en Buenos Aires y Sevilla, al abrigo de mi proyecto personal «Transatlántica 9669». Para ello conté con la colaboración de artistas andaluces y porteños. De entre estos destacaba, con especial luminosidad, Mara Facchin. Una artista elegante, discreta y profunda (de las que ya no se destilan) que crecía en el trato directo, por su cultura, desprejuiciamiento y exquisita amabilidad.
Lamentablemente, Mara se nos fue el diecinueve de octubre. Que mis palabras (las del catálogo y éstas) sirvan de homenaje a una extraordinaria artista y mejor persona. Hasta siempre, Mara.

«En las escenificaciones pintadas de Rubén Guerrero se ponen en
marcha diferentes recursos que convergen en la idea de confusión
perceptiva del espectador, una estrategia que, por cierto, está presente
también en otros artistas del proyecto “Transatlántica 6969”.
A través una tradición pictórica, consciente de sus recursos y
limitaciones, se disipan las fronteras que puedan existir entre
representación y realidad. Y es en este sentido que la superficie del
cuadro asume orgullosa su bidimensionalidad (la misma realidad del
soporte, del artificio), abandonando cualquier intención de sobreponerse
al espacio tridimensional.
Rubén Guerrero suele presentar en sus obras superficies perforadas,
zonas limítrofes situadas en el “entre” de la escenificación de la
representación, por cuyas fisuras (a modo de pantalla-tamiz rasgada)
se cuelan fragmentos de realidad, una realidad distorsionada, enajenada
que mantiene un pulso con la misma representación teatral.
Dicha constante argumental se concilia en S/T con la idea propuesta
de la semejanza mediante cuerdas que podrían estar relatando, en clave
metafórica, la misma relación entre pares de artistas. Así en el cuadro
los elementos afines, aunque distanciados, contactan puntualmente
uniendo partes que escapan a nuestra visión.
Esta ruptura de la representación convencional, del extrañamiento
de la imagen, de la indefinición en un espacio fronterizo que juega con
la noción de realidad, enlaza con las preocupaciones de la artista Mara
Facchin, que añade a su discurso una dimensión social en cuanto análisis
del estilo y lo que ella define como “estándares del gusto”. La valoración
del gusto a modo de descripción y definición del ámbito social se
complementa con la propia búsqueda del estilo, la “estética del
interprete”, y en esta asociación se desarrolla el concepto de semejanza,
interrelacionando medio y tema.
“14 lajas intactas” remiten a una parte de la historia social argentina
a través de la piedra cuarcita, rebautizada como Mar del Plata, ampliamente
utilizada en su país para fachadas e interiores de vivienda y símbolo
de una época determinada. Es por ello que la artista aclara que su obra
es “una pieza de superficies, derecho y reverso de la pared, fachada e
interior”, estudio del espacio doméstico como generador de estilo que
entronca con los paramentos esbozados por Rubén Guerrero, ya que
ambos artistas en estos trabajos parecen elegir el marco de lo habitual,
el espacio habitado, para orquestar esa representación de la extrañeza.
Lo que en Rubén Guerrero son fronteras: vallas, muros, puertas... en
Mara Facchin equivalen a revestimientos, decoraciones de un entorno
social determinado, una concreción que se universaliza en el caso de
Guerrero en beneficio del discurso de la representación, mientras que
en Facchin la necesidad de incluir en la argumentación el medio provoca
que transite por los terrenos de la superficie: la superficie de los objetos
sociales y la superficie del cuadro».

Antonio D. Resurrección. 2007