LCD. Einstürzende Neubauten, These New Puritans. Auditori Fòrum. PS’26. Barcelona. 05/06.06.24
"It's not the red of the dying sun
The morning sheets surprising stain
It's not the red of which we bleed
The red of cabernet sauvignon
A world of ruby all in vain
It's not that red, It's not that red
It's not that red, It's not that red..."
Definitivamente en el maremágnum de ofertas prescindibles y efímeras del PS, de escenarios inabarcables abarrotados, la reserva espiritual de occidente podría reducirse al garaje del Levi’s Warehouse y al nunca suficientemente ponderado Auditori. Son definitivamente las cápsulas del tiempo destinadas a preservar lo que queda de dignidad trascendental (despojada de metafísica) en las artes musicales.
El rayo luminoso diminuto pero intenso instalado en una suerte de cueva platónica se acomoda como epítome de la posibilidad en medio de un callejón del infierno de fatuos juegos especulares, de masa cosificada deslumbrada por el instante que refrenda el colectivo de manera autómata.
Y sin embargo, el esperpento externo precisa de la magnificencia interna para auto-diferenciarse recíprocamente. Sin el detritus turbo-capitalista no lograríamos identificar lo excelso de entre lo pueril. Como aquellos que precisan de vínculos sentimentales de perfil bajo para sublimarse, para completarse y refrendarse a sí mismos.
"It's not the red of the dying sun
The morning sheets surprising stain
It's not the red of which we bleed
The red of cabernet sauvignon
A world of ruby all in vain
It's not that red, It's not that red
It's not that red, It's not that red..."
Definitivamente en el maremágnum de ofertas prescindibles y efímeras del PS, de escenarios inabarcables abarrotados, la reserva espiritual de occidente podría reducirse al garaje del Levi’s Warehouse y al nunca suficientemente ponderado Auditori. Son definitivamente las cápsulas del tiempo destinadas a preservar lo que queda de dignidad trascendental (despojada de metafísica) en las artes musicales.
El rayo luminoso diminuto pero intenso instalado en una suerte de cueva platónica se acomoda como epítome de la posibilidad en medio de un callejón del infierno de fatuos juegos especulares, de masa cosificada deslumbrada por el instante que refrenda el colectivo de manera autómata.
Y sin embargo, el esperpento externo precisa de la magnificencia interna para auto-diferenciarse recíprocamente. Sin el detritus turbo-capitalista no lograríamos identificar lo excelso de entre lo pueril. Como aquellos que precisan de vínculos sentimentales de perfil bajo para sublimarse, para completarse y refrendarse a sí mismos.
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