jueves, 19 de noviembre de 2009

Leviatán






















Gustave Doré. "Destruction du Léviathan". 1865

Tiempo de oscilación entre la medida de lo concreto y los pantanosos ámbitos de lo indeterminado. El concepto de la finitud irremisiblemente unido a un primer momento, verdadero generador de todos los dispositivos vitales, pura obsesión por perfilar y atar cualquier contingencia intelectual, existencial.
Un vaivén plausible, en la medida en que no se desdeñe la complementariedad de ambos elementos, ni acusemos un espíritu contradictorio. Los márgenes, lindes de una sólida construcción, repletos de detritus, terrenos propicios para la insensatez de lo prohibido, donde el miedo es capaz de transformar un ideal en genuina pulsación espúrea, canalla.

Si la fantasía precisa detalles, hay que recordar con el sabor amargo de la memoria, esa obscena metástasis, cómo el sensual colorido virtual acaba sumergido en las procelosas aguas abisales, más allá de la duda, ojos resecos de ilusiones o expectativas. Eterna lucha con un puro devenir.

Quién no siente sentir sin el contorno exacto del pensamiento.

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