Fritz Lang. "Human Desire". 1954
“… Don't lose your temper
Don't lose your temper
Don't lose your temper
'Cause I love you when you're wild
Don't lose your temper
Don't lose your temper
Don't lose your temper
'Cause I'd hate you to grow mild…”
Ese momento fatídico y repetitivo en el que lo legendariamente amado se convierte en ridículo objeto de animadversión, un atávico gesto de rechazo que pretende prevalecer la necesidad de una auto-identidad autónoma desquiciada por encima de cualquier argumentación dialéctica.
“… Don't lose your temper
Don't lose your temper
Don't lose your temper
'Cause I love you when you're wild
Don't lose your temper
Don't lose your temper
Don't lose your temper
'Cause I'd hate you to grow mild…”
Ese momento fatídico y repetitivo en el que lo legendariamente amado se convierte en ridículo objeto de animadversión, un atávico gesto de rechazo que pretende prevalecer la necesidad de una auto-identidad autónoma desquiciada por encima de cualquier argumentación dialéctica.