Ingmar Bergman. “Såsom i en spegel”. 1961
“… A no good, a no one, a no show
A too much perfection to say no
In the end, foe or friend, live apart
Call it hate, call it love, I call it art…”
“El arte se concibe como “la expresión de que no hay nada que expresar, nada con qué expresar, nada a partir de qué expresar, no hay capacidad para expresar, ni deseo de expresar, todo ello unido a la obligación de expresar”
Ese pulso vital sin el cual no somos bellos y fuertes, la perentoria necesidad de darle forma a un cúmulo de ideas metamorfoseadas en avisos, destellos lumínicos, misivas lanzadas a terceros de poca probabilidad interactiva; aquella toxicomanía tan temeraria como fútil que nos convierten por momentos en individuos un tanto mejores, el espejismo del aprendizaje, el garante de la auto-comunicación.
“… A no good, a no one, a no show
A too much perfection to say no
In the end, foe or friend, live apart
Call it hate, call it love, I call it art…”
“El arte se concibe como “la expresión de que no hay nada que expresar, nada con qué expresar, nada a partir de qué expresar, no hay capacidad para expresar, ni deseo de expresar, todo ello unido a la obligación de expresar”
Ese pulso vital sin el cual no somos bellos y fuertes, la perentoria necesidad de darle forma a un cúmulo de ideas metamorfoseadas en avisos, destellos lumínicos, misivas lanzadas a terceros de poca probabilidad interactiva; aquella toxicomanía tan temeraria como fútil que nos convierten por momentos en individuos un tanto mejores, el espejismo del aprendizaje, el garante de la auto-comunicación.