viernes, 12 de octubre de 2012

Podredumbre


Dan Graham. "Penultimate Curving Pavilion". 2010






















Si nuestra voluntad, partiendo de la formación, es comunicar ¿Por qué nos empeñamos en destrozar el lenguaje sistemáticamente? ¿A cuento de qué tanta negligencia e irresponsabilidad en el hábito de la escritura? ¿Qué ganamos en esa acelerada compulsión mecánica, más allá del aborto comunicacional?
Tengo los ojos doloridos a causa de los constantes estertores fonéticos, contracciones gráficas, amputaciones verbales, flagrante ausencia de tildes, mayúsculas y aniquilación de cualquier signo de puntuación que (y esto es lo verdaderamente importante) debilitan y entorpecen gravemente el mensaje. Burdos recursos devastadores de una sintaxis malherida que acaban volviéndose contra sus propios emisarios…
En las antípodas de lo que otrora fuera una alternativa dadaísta/futurista a la sociedad, más que un zeitgeist, resulta ser un reflejo inequívoco de la desidia espiritual de algunos individuos. Vacío subyacente a aquella velocidad huérfana de substancia en la que se disuelve cualquier atisbo de proximidad.

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