Antonio D. Resurrección. Migala. “Arde”. Acuarela. LP edición 2026
“If I could
For a minute, succumb
To the disaster of everyday
To let me go
Let of cling to.
I guess it would
It would be possible to crash
With one of the strangers that
I cross by the street
And have a premonition
Of happiness.
But now
It’s sure that I can’t
And probably that’s why one ghost
Comes every night
To rock my stupid guilt
And why its way’s a ring of fire.
And when I
When I finally sleep
It’s always the same dream
Sand falling fast in a glass bell
The sand, very clean
The glass so weak”
La bilogía que puede resumir un fragmento bien tosco de la propia vida, esa misma marcada por cicatrices invisibles e indelebles. Si “Así duele un verano” (1998) llegó a ser la transatlántica y melancólica antesala reverso de las mejores expectativas venideras, el después de la tormenta, “Arde” (2000), confirmaba la epifanía irrepetible de una marca epidérmica necesaria, admonitoria: aquella reciente y prometedora felicidad (todas lo son) terminaría por escurrirse nuevamente de entre nuestras manos, sobre el escenario sonoro finisecular de los últimos poetas taciturnos del siglo veinte. Un ciclorama fundamentado en la perfecta mezcla de creatividad experimental DIY art-folk-rock y aquella sensibilidad afectiva doméstica de un colectivo fiel a los denostados (market calls the shots) y legendarios principios del pulso independiente nacional.
Aquí está por fin esta masterpiece, después de mucha espera (siete años) y numerosos imponderables. Diseñado por un servidor, con el corazón en un puño. Bring Back Migala!
“If I could
For a minute, succumb
To the disaster of everyday
To let me go
Let of cling to.
I guess it would
It would be possible to crash
With one of the strangers that
I cross by the street
And have a premonition
Of happiness.
But now
It’s sure that I can’t
And probably that’s why one ghost
Comes every night
To rock my stupid guilt
And why its way’s a ring of fire.
And when I
When I finally sleep
It’s always the same dream
Sand falling fast in a glass bell
The sand, very clean
The glass so weak”
La bilogía que puede resumir un fragmento bien tosco de la propia vida, esa misma marcada por cicatrices invisibles e indelebles. Si “Así duele un verano” (1998) llegó a ser la transatlántica y melancólica antesala reverso de las mejores expectativas venideras, el después de la tormenta, “Arde” (2000), confirmaba la epifanía irrepetible de una marca epidérmica necesaria, admonitoria: aquella reciente y prometedora felicidad (todas lo son) terminaría por escurrirse nuevamente de entre nuestras manos, sobre el escenario sonoro finisecular de los últimos poetas taciturnos del siglo veinte. Un ciclorama fundamentado en la perfecta mezcla de creatividad experimental DIY art-folk-rock y aquella sensibilidad afectiva doméstica de un colectivo fiel a los denostados (market calls the shots) y legendarios principios del pulso independiente nacional.
Aquí está por fin esta masterpiece, después de mucha espera (siete años) y numerosos imponderables. Diseñado por un servidor, con el corazón en un puño. Bring Back Migala!
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