lunes, 27 de julio de 2009

La honda



Quizás la prueba irrefutable de que somos lo que queremos ser, dando por sentado que no cabe esperar a que la "providencia" nos saque de nuestro ensimismamiento expectante: esa condición en la que dejamos en manos del mañana nuestro futuro, ajenos, de ciegos voluntariamente insensatos, a los pequeños movimientos diarios que construyen el porvenir.

Aquí no cabe hablar de "niña prodigio", como si de una fuerza sobrenatural, esotérica, se tratase. El talento trabajado, la sensibilidad experimentada (¡diantres!, en tan corto plazo de tiempo) y asimilada, procesada por una maquinaria auto-consciente, muy ajena al enfatismo melodramático del angst adolescente, nos devuelven aquellas convicciones que, a veces, tiemblan en nuestra mano, materializadas de un modo sensible y emocionante en una nena/mujer que nos subyuga sin prepotencia, ni femme-fatalismo trasnochado.
Su estrategia musical abraza mundos en principios antagónicos: joven/adulto, clásico/contemporáneo, agresivo/delicado..., barnizados por un existencialismo verosímil que trasciende la pantomima "neo-gótica" de la representación. Es el silencioso triunfo de la creatividad, el talento sobre la mediocridad inmovilista, de ahí su inefable efecto adictivo mediante elementales recursos. Ejemplar lección la de Anja. No puedo más que sentir atracción, admiración y respeto. Grande.

Soap & Skin. "Lovetune for Vacuum". 2009

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