François Ozon. “L’étranger”. 2025
“… Death is falling down on your work routine
And it's falling even harder on your churches and your queens
Don't be falling hard on the tenement scene
Death is falling down on your work routine
And it's falling even harder on your churches and your queens
Don't be falling hard on the tenement scene!..”
En el recuerdo de nuestros primeros años, las agrupaciones de hormigas, hormigas de formas esculturales y lustrosas que se afanaban alrededor del hormiguero de tosca tierra roja y salían en desbandada en cuanto aproximábamos algunos pasos. El atávico contacto con lo terrenoso, siempre con la preocupación de no pisarlas por accidente, de no alterarlas en demasía a pesar de nuestra curiosidad púber, en el ejercicio de una moral propedéutica animalista, digna de elogio por prematurez, el anticipo instintivo y virginal de nuestras más profundas y maduras convicciones.
Aquel espantoso y caótico devenir ante la amenaza, en contraste con la organizada dinámica transportadora habitual, nos representa en la actualidad, una vez alcanzadas edades superiores, cierta reacción social ante la acumulación de casos próximos en los que el deceso o la enfermedad terminal fulmina los ideales del libre albedrío alternativo, heredados de estereotipados conceptos de la libertad, amplificados por las proclamas del sex & drugs & rock&roll y de una fantasiosa eterna juventud.
La visita temprana es una visita más inesperada por inconsciencia premeditada que por los avatares de la presunta mala suerte. Esa muerte leída, escuchada y visionada en tantos ejemplos artísticos del ámbito de la ficción se desproporciona en su metamórfica realidad, el categórico asombro de quien se asombra.
“… Death is falling down on your work routine
And it's falling even harder on your churches and your queens
Don't be falling hard on the tenement scene
Death is falling down on your work routine
And it's falling even harder on your churches and your queens
Don't be falling hard on the tenement scene!..”
En el recuerdo de nuestros primeros años, las agrupaciones de hormigas, hormigas de formas esculturales y lustrosas que se afanaban alrededor del hormiguero de tosca tierra roja y salían en desbandada en cuanto aproximábamos algunos pasos. El atávico contacto con lo terrenoso, siempre con la preocupación de no pisarlas por accidente, de no alterarlas en demasía a pesar de nuestra curiosidad púber, en el ejercicio de una moral propedéutica animalista, digna de elogio por prematurez, el anticipo instintivo y virginal de nuestras más profundas y maduras convicciones.
Aquel espantoso y caótico devenir ante la amenaza, en contraste con la organizada dinámica transportadora habitual, nos representa en la actualidad, una vez alcanzadas edades superiores, cierta reacción social ante la acumulación de casos próximos en los que el deceso o la enfermedad terminal fulmina los ideales del libre albedrío alternativo, heredados de estereotipados conceptos de la libertad, amplificados por las proclamas del sex & drugs & rock&roll y de una fantasiosa eterna juventud.
La visita temprana es una visita más inesperada por inconsciencia premeditada que por los avatares de la presunta mala suerte. Esa muerte leída, escuchada y visionada en tantos ejemplos artísticos del ámbito de la ficción se desproporciona en su metamórfica realidad, el categórico asombro de quien se asombra.
No hay comentarios:
Publicar un comentario