miércoles, 10 de agosto de 2011
Fundido
Lykke Li. "Jerome". 2011
Qué extraordinario sería aceptar, después del final, la esterilidad de pronunciar palabra alguna y que los personajes, una vez cumplido su rol en la representación, desaparecieran de una vez por todas. Fundido en negro definitivo e irreversible. Qué extraordinario sería ficcionar la realidad obstinada...
miércoles, 3 de agosto de 2011
Las etiquetas
Wim Wenders. "Der himmel über Berlin". 1987
Desarrollando la extraña actividad de disociar lugares, músicas, películas, escritos, festivales, estéticas, ideologías, sexualidades, gastronomías, olores, sabores, miradas, caricias, besos, actitudes y aptitudes... Elementos conectados ineludiblemente con personas y tiempos concretos por la fatalidad de la evocación. Una labor de des-memorización selectiva, desvinculando las pistas de la secuencia en la línea de tiempo, en pos de The Final Cut (Pro).
Everything Gold-Else, Siegessäule...
"Als das kind kind war, wußte es nicht, daß es kind war, alles war ihm beseelt, und alle seelen waren eins". Peter Handke
lunes, 25 de julio de 2011
Eremita

Luis Buñuel. “Simón del desierto”. 1964
La plenitud de la rutina, dejándose llevar por la sistemática de lo cotidiano, en su versión más acogedora, frecuentemente mal ubicado en el sospechoso ámbito de lo burgués. Actuando según las directrices que han sido predeterminadas, obedecer a la cabeza más que al impulso, ardua tarea no exenta de peligros: el constante reclamo del, tan extendido, espíritu laxo, inestablemente fluctuante, enajenado de sus propias responsabilidades. El sentido del deber, asimilado como propio, auto-impuesto. Llámese el eros de la disciplina, saberse dueño y señor de tus propias acciones, más allá de los pre-juicios lingüísticos-sociales, más acá de los códigos únicos, elaborados personalmente con inusitado frenesí. La potencia con (auto) control reporta placeres indescriptibles a la identidad que revierten reduplicados en nuestros sentidos (in) confesables.
sábado, 23 de julio de 2011
Epifanía

Antonio D. Resurrección. "Gran blanco estival". 2011
No existe nada como la claridad, estrechamente emparentada con la clarividencia... El rayo blanco amenazante se aproxima, la inmensa nube blanca, como un gran smog metropolitano, glauco manto envolvente que indiferencia lo particular en lo general...
El inmaculado momento revelador, a modo de gran producción musical, en el que es conveniente realizar una distribución inteligente de los tracks, dejar para la segunda mitad de la obra, las mejores piezas, los ansiados tesoros que aguardan a la vuelta de la esquina. Un futuro esperanzador que se realimenta del pasado prometedor.
lunes, 18 de julio de 2011
En guardia

Stanley Kubrick. "Paths of Glory". 1957
Hay una guerra no declarada, entre dos miembros desmembrados y cuanto más cercano el acercamiento, más cruenta se resuelve... Hay una guerra entre dos mundos, el de amplias líneas rectas, espacios ortogonales y el de las sinuosas derivaciones selváticas, arcos sin cuerdas, impredecibles en el marasmo de tangencias curvilíneas... Hay una guerra implícita, entre la amistad pusilánime, falsa y oportunista y la que se combustiona en beneficio del otro... Hay una guerra entre dos mundos enfrentados desde un estigma atávico... Hay una guerra mucho peor que las fratricidas, en la que los sentimientos acaban degenerando en una espiral de re-sentimientos... Hay una guerra imposible de apaciguar, resolver, determinar, porque la in-determinación (intencionada, alevosa) es co-substancial a esa relación... Hay una guerra en la que todos participamos y pocos se atreven a denunciar... Hay una guerra que supera cualquier contienda soñada, porque resulta ser el antecedente de todas ellas, enarbolando la bandera de la condición (mal llamada) humana, más allá de la batalla de los sexos... Hay una guerra atrincherada en la más vil de las corrupciones, la de la moral individual (exclusivamente nuestra: mí-a, tu-ya) de la que cada uno es responsable y nadie más... Hay una guerra mil veces vivida y mil veces obliterada... Hay una guerra sin visos de final, por eso estamos en permanente estado de excepción, porque somos excepcionalmente, indivi-duales: ellas y ellos, ellos y ellas.
domingo, 17 de julio de 2011
Acto de fe

Stanley Donen. "Charade". 1963
La confianza a veces se confunde con la verosimilitud, prueba de cálculo destinada a reforzar, a priori, las barreras defensivas convenientemente aquilatadas por el peso de la experiencia. Un cierto grado de insensatez, how insensitive, rodea la acción crédula que, en ese sentido, se asemeja pasmosamente a la entrega amorosa. Donde la intrepidez puede dejar paso a la temeridad y viceversa.
jueves, 14 de julio de 2011
El desvelo

Julio Cortázar. "Ciao, Verona". 1977
lunes, 11 de julio de 2011
Las deudas

Alan Sparhawk (Photo: Julio Iglesias)
Y terminan cediendo las cosas, a fuerza de forzarlas, y llegamos a un punto de no retorno en el que no es posible avanzar, mucho menos retroceder. Deriva emocional fuertemente ligada a una deriva geográfica, reduplicada en un monstruo inasible, gestada en el estío insoportable de altos hornos. Un traslado a regañadientes, queriendo escapar de esa fuerza centrífuga de lo familiar, lo cotidiano transformado en pesadilla doméstica. Ese presunto alter ego, concomitante en todo y en nada, en lo que realmente se quiera dar por válido porque todo lo maquinamos a partir de una falsificación de nuestro pensamiento. ¿Se puede amar de verdad en cualquier caso?. Alan desgranando su particular imaginario, más allá de la acogedora casa regentada por Mimi. La vía de escape ejemplar que algunos tomamos al pie de la letra, hasta tal punto que terminamos negándole a la libertad la posibilidad de futuro. Un futuro cada vez más miope, parco y resentido. Un mal desplazamiento, otra zancadilla, otro palo en la rueda. Tejados repletos de piedras. Apenas habiendo recuperado la capacidad respiratoria, en esa tan saludable línea de recorte costera, de mares infinitos y multitudes distendidas. ¿Dónde queda la música cuando el corazón está en "otra parte"?. Movimientos en falso que terminan por anular el concepto de error en un contexto desprovisto de contraste. La memoria reduciendo al presente en la misma incertidumbre carente de temporalidad. Nunca sueño y realidad estuvieron tan parejos. Durmiendo la vida, felices sueños.
Retribution Gospel Choir. Sala Malandar. Julio 2011. Sevilla
martes, 5 de julio de 2011
Narciso y Eco
sábado, 2 de julio de 2011
El péndulo
"I'm inside, I'm outside
I'm with you, without you
Don't love me, don't leave me
Don't trust me, believe me
Embrace me, release me
Deny me, then feed me
I'll own you, then lose you
So distant, so near me"
Dot Allison. "Message Personnel". 1999
jueves, 30 de junio de 2011
Ocean of Noise
martes, 28 de junio de 2011
Reclamo
Come for me, cover me, come for me, come for me
you cover me, cover me, comfortably, comfort me
And after some time, I know i would go blind
but seeing only binds, the vision to the eye
I lose my voice I know, but i have nothing left to say
(nothing left to pray) no echo in this space
Deerhunter. Agoraphobia. 2008
domingo, 26 de junio de 2011
PS I Love You

Pasó un mes pero apenas mermaron las grandes impresiones que han quedado retenidas en nuestra memoria con vocación de eternas. El P.S. ha resultado ser el mejor de los festivales posibles y el de este año ha tocado aquella bóveda celeste sólo imaginable en el ámbito de lo onírico.
Conscientes de lo inabarcable de este monstruoso proyecto, con los pies en la tierra y un plan blindado a prueba de algunos imponderables, acometimos el jueves veintiséis mirando con frustración la gran pérdida que supuso no poder estar presentes en el reflotamiento del Heaven Up Here el miércoles anterior. Sacrificamos a Marina Gallardo, esa P.J. del Puerto, Emeralds y el hype divertido de los Cults, merced a las aerolíneas de saldo.
El primer entrante, una Glasser menos brillante que en el disco, escoltada por un programador en esa onda neo-hippy, tan poco verosímil, propia del barrio de Brooklyn. Ecos de la indiscutible Fever Ray, un poco de Björk y, sobre todo, de la Dot Allison más plausible. De allí corrimos a darnos un baño de testosterona, que puede terminar por cansar, llamado Grinderman. Nos dejamos a los Walkmen en el camino. Alcanzamos a disfrutar un rato del ruidismo precursor del maestro Glenn Branca y otra pequeña sesión de los bailongos Caribou.
Volvimos a re-conocer a las viejas glorias de Suicide en un concierto repetitivo y machacón como sólo ellos saben desarrollar. The Flaming Lips consiguieron hacernos olvidar de que se tratan de una buena banda, incluso con grandes canciones, con tanta fanfarria, confetti y carnaval dionisíaco. Después del empacho de golosinas, nos vino bien enfriarnos con la helada propuesta industrial de Factory Floor que, siguiendo las pautas habituales del contexto electrónico, endurecieron y aplanaron una propuesta grabada más rica en matices.
El viernes veintisiete acabó por convertirse en un día redondo, comenzando con Ainara LeGardon y su propuesta rockera a la maniera Harvey, el fresco americanismo de unos sorprendentemente jóvenes Avi Buffalo o el pop clásico del matrimonio Tennis.
Mr. Ward, efectivo y previsiblemente sureño, dio paso a una noche plagada de gemas de incuestionable valor. The National abordaron un repertorio de hits épicos en el mejor de los escenarios, a juicio de varias personas, aunque no sonaron todo lo bien que cabe esperar de ellos. Prescindimos de Belle & Sebastian conscientes de la importancia de no perdernos ese glorioso ritual llamado Low, sensibles e impecables, grandiosos abordando el reciente C'mon sin menoscabo de un tracklist monumental.
Tras la tensión introspectiva, Deerhunter demostraron a fieles y foráneos el gran talento que poseen, una sesión ininterrumpida de esa personalísima mixtura de géneros rock. Non-stop a la altura de Nothing Ever Happened. El regreso de Pulp se nos atragantó a medias, más allá de su incuestionable directo, a causa del aforo tan desmedido como augurable del escenario principal. La noche se cerró, en un círculo perfecto, con la contundencia del directo de Battles, adalides de un experimentalismo dance hipnótico, contagioso, retroalimentador del éxtasis en el que gustosamente nos sumergimos.
El sábado comenzó con la puesta en escena en el Auditori del clásico Paris 1919. El maestro Cale, arropado por una gran orquesta, resultó efectivo y emocionante hasta que terminó su masterpiece. El resto acabó por expulsarnos a la luz exterior, dejando por el camino a Yuck, saboreando, desde la distancia, los viejos temas de los Papas Fritas (cuántos buenos momentos). Nos encaminamos hacia el templo ATP, donde el barbudo Phosphorescent se decantó más por el americanismo bande à la lettre de su último trabajo, relegando a un segundo plano los intensos temas que contiene Pride. Pasamos un rato Fleet Foxeando hasta trasladarnos hacia uno de los conciertos más contundentes del día. Los Neubaten derrocharon radicalismo e inteligencia, combinación oportuna de ruidismo y rock perfectamente imbricados. Arte contemporáneo mayúsculo. Con P.J. Harvey sufrimos el mismo efecto Pulp: la masa humana impide ver el bosque. De la gran dama se echan de menos aquellos legendarios temas desprovistos de paja, ataviados de visceralidad sexual femenina. Cuestión de gustos.
Y con ellos, Mogwai, llegó el sonido y la furia, la maquinaria convenientemente engrasada y renovados aires contenidos en su último disco. La banda escocesa atrae en directo a conversos y descreídos, imposible sustraerse a semejante explosión de sensibilidad cruda. Pasamos de largo con los sobrevalorados Animal Collective, vimos un pequeño aperitivo de la locura de Pissed Jeans y bailamos un final apocalíptico con D.J. Coco, conscientes de que nada volvería a ser lo mismo. Las contraindicaciones de la intensidad vital, el dolor de amar apasionadamente, la plenitud de lo efímero: música de nuestras vidas, experiencias sublimes de difícil traducción verbal.
Primavera Sound. Barcelona. Mayo 2011
jueves, 23 de junio de 2011
Pliegue
lunes, 13 de junio de 2011
Ácido

Jean-Luc Godard. "Le Mépris". 1963
Lo que más escuece de cierta dimensión de la sinceridad resulta ser la ausencia de grandes adjetivaciones o hipérboles halagadoras. El temor a que lo vulnerable sea mostrado nos incapacita para la asunción de la realidad y, por extensión, para afrontar los avatares del destino (propio).
martes, 7 de junio de 2011
Exiliados
Damien Jurado. "Everything Trying". 2008
Apenas nos acostumbramos al doloroso placer comienzan a cambiar las tornas, los vientos se hacen cada vez más broncos, la presión atmosférica nos impele a cruzar el umbral hacia territorios largamente recorridos, como un aviso admonitorio sobre la misma dinámica del discurrir, poniendo a prueba la más fuerte y necesaria de las virtudes, claudicando de todo aquello que respire estabilidad, tranquilidad. Como si la casuística, más predecible de lo deseable, se amoldara en el perfil a modo de guante de látex, metrónomo matemático que hiela la sangre.
Tan irrefutable como la luz estival, la trayectoria queda estrechamente marcada para navegantes cada día más ajados, envejecidos por la fuerza de la repetición, el hastío de marineros saturados de una circularidad claramente enfermiza.
sábado, 4 de junio de 2011
Solecismo

Se debe entender, "por fin", que al existir demasiadas salidas, uno acaba perdiendo la orientación. El ser humano, vulnerable por definición, no está preparado para tanta disponibilidad, se aferra a las limitaciones para seguir creciendo, antiguo vestigio de su condición más animal. No existe handicap más grande que el de la plenitud de la consciencia de la libertad. Tanto exceso de oxígeno acaba por convertirnos, inversa proporcional, en sujetos cianóticos.
Cada vez más conscientes de la belleza de los pinares que nos han visto crecer (y morir), ahora que todo tiende a desintegrarse, indiferenciarse en la acritud del olvido, porque nos empecinamos en olvidar lo inefable, sublime. Como si pudiéramos prescindir de la memoria. Cuánto tiempo perdido.
"And I want more than I can get Just trying to, trying to, trying to forget".
"Nothing Lasts Forever". E&TB. 1997
miércoles, 1 de junio de 2011
Aliteración

Como la claridad de la luz, así vamos transmutándonos, a fuerza del inusitado interés por alcanzar un estado de perfecto estupor, algo similar al equilibrio atribuible a los próceres de la inteligencia sentimental, adheridos al permanente bamboleo de los períodos de las mareas. El cuerpo se endurece, las manos se agrietan, los ojos se adormecen en un infinito baile proteico. La bestia que duerme en la epidermis de la conciencia dirige nuestros destinos. Ha vuelto para quedarse.
miércoles, 4 de mayo de 2011
Edificante

Todos parecemos necesitar algún momento en el que se abran los cielos y la dirección de la luz determine una trayectoria diáfana. Todos necesitamos, antes de ser heridos, operar lo suficientemente cautos para no provocar la herida. Porque la condición humana resulta más vulnerable de lo que nos atrevemos a verificar. Nadar en una mar de resentimientos, aguas oscuras y turbulentas, nos conduce a la permanente tragedia de la letanía (la pena máxima), construcción de edificios decididamente abocados a la ruina, al efecto de la erosión de los agentes naturales, o a ser demolidos por nuestras propias manos.
lunes, 2 de mayo de 2011
Despojos

Michelangelo Pistoletto. "Venus of the Rags". 1967
En el acto de acumular sucesos, experiencias se produce el mismo efecto que en el acopio de pertenencias. Las posesiones de objetos, llámense libros, discos, películas, cuadros, ropa... nos conducen, en cada movimiento, hacia una mecánica frecuentemente desprovista de esa necesaria prudencia reflexiva, más allá del contexto consumista, más acá del puro impulso vital, atávico, de pertenencia. Parece que por defecto de la espiral capitalista, enquistada en el inconsciente colectivo, el hecho de almacenar implica cierta idea de desarrollo, progreso, obviando que aquella acumulación lleva implicita la decadencia del deterioro que el mismo tiempo, la misma física se encargan de efectuar. La acumulación, entonces, como detritus de las vivencias atesoradas. Detritus que impide una verdadera valoración de la experiencia cotidiana. Cegados por la repetición y la saturación, las relaciones acaban siendo reducidas a un estéril cómputo de ocasiones y probabilidades perdiéndose el corazón, y algo más, en el camino.
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